El progreso no es más que la realización de las utopías. Oscar Wilde.
Cuando hablamos de problemas comunes a todos nuestra conversación se encuentra siempre salpicada de términos económicos. El PIB no termina de despegar, más bien se hunde, el diferencial de la deuda es demasiado elevado, los índices bursátiles han bajado de nuevo...
Si hablamos de trabajo lo hacemos para discutir sobre una reforma laboral para satisfacer a los mercados primero y para crear empleo después.
Mientras, algo en lo que todos estamos de acuerdo, temas sobre los que no cabe discusión, parecen tapados, o reservados para tiempos mejores.
Quizás olvidemos que no vendrán tiempos mejores si no los ponemos una vez más sobre el tapete.
Creo que no cabe discusión sobre nuestra intención de que nuestros hijos vivan mejor, o al menos igual que nosotros. No cabe en nuestras cabezas que lo hagan peor.
Es preocupante la falta de previsión, de interés, por el futuro cercano. Rodeados y bombardeados por una sociedad que nos incita a consumir para crecer.
Incluso para mantenerse en el estado actual el consumo ha de incrementarse, iniciando una escalada cíclica insostenible.
Pero si me inquieta el escaso interés por el futuro cercano, me alarma la frivolidad con la que jugamos con la calidad de vida de nuestros hijos.
Y si la futura calidad de de vida "material" de mis hijos me intranquiliza, su calidad de vida ética, moral y educativa lo hacen aún más.
Que mis hijos vivan mejor que yo es para mí importante, aquello de que tengan más y mejores oportunidades, pero que mis hijos "sean" mejores que yo es para mi vital.
¿Donde quedaron las utopías? Esas utopías que suelen nacer cuando la realidad que nos rodea, el mundo en el que vivimos comienza a fallar. Cuando no cubre las necesidades de una, cada vez más amplia mayoría.
La utopía, como dice Anatole France, es el principio de todo progreso y el ensayo de un futuro mejor. Sin ella nos estancaremos en el pasado y las acciones que emprendamos no harán sino perpetuar el sistema actual, con los mismos errores y fracasos.
La filosofía del aquí y ahora, la improvisación, ese "que en el futuro piensen otros que yo bastante tengo con lo mío", en definitiva, esa desafección, acabará matando la utopía y por ende el progreso de la mayoría, en favor de unos pocos.

Lee esta entrada y coméntala en mi blog externo