Zanahorias...

Últimamente escribo poco. Y escribo mal.
Últimamente dibujo poco. Y dibujo mal.
Últimamente creo poco. Y creo mal.

Así que espero que sepan disculparme.

Últimamente todo son zanahorias. 
Tantas que dudo ser capaz de encontrar la manera de ilustrar con una imagen lo que veo.
Quizás lo haga al final con una imagen ajena.

En la fábula del burro y la zanahoria, una sola zanahoria bastaba para llevar al burro en una dirección. Y luego pasado un tiempo su dueño se la daba como recompensa y la sustituía por otra. Mal que bien, en la fábula el burro avanzaba, realizaba un trabajo, incluso, en su simplicidad, se sentía recompensado.

El problema es cuando pones demasiadas zanahorias. 
El burro no avanza, se paraliza, duda y se frustra. 
Frustración. Complicada palabra, quizás contenga demasiadas zanahorias.

Pues eso pasa, me pasa, nos pasa, en educación, pero posiblemente en todos los campos de la vida actual.
Imagínense un alumno/a inmerso en una docena de asignaturas que le ofrecen distintas zanahorias, objetivos, actividades, evaluaciones, y a su vez en una docena de pantallas con distintos mensajes y estímulos. Se paraliza. El tiempo y la atención son limitados. Se bloquea. Se frustra.

Zanahorias, todo zanahorias.

Imagínense ahora un/a docente que comienza el curso con una decena de cursos, un centenar de alumnos que conocer, a los que ofrecer zanahorias, y con una ley nueva de centenares de artículos y disposiciones, mal desarrolladas en borradores y artículos, con centenares de estándares y de rúbricas, de cursos y propuestas de formación, de reuniones, de planes, de actividades, de compañeros/as que conocer y con quien coordinarse, de aulas que recorrer, de pasillos que vigilar, de materiales que comprobar... de clases que impartir. 
De alumnos/a que conocer. Que educar.
Y el tiempo es el mismo. 
Todo cambia menos eso. 
El tiempo y la atención son limitados.

Porque hay centenares de zanahorias, todo son zanahorias.

Así que yo al menos, me bloqueo, me paralizo, me frustro ante tanta zanahoria.

Pero, ¿saben sobre todo por qué? 
Porque en el fondo pienso que la mayoría de las zanahorias que nos ofrecen son falsas, inútiles, innecesarias, absurdas, y lo que es peor, tengo la sensación de que, aún así, nunca nos las darán, y nunca serán para nosotros algo que nos facilite avanzar ni nos haga mejores o más felices.

Y termino este post con dos imágenes de J.Morgan, dibujante canario (http://www.humordemorgan.com, que resumen muy bien estas sensaciones:


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Publicado: 31.10.2015 @ 09:07