Los marcianos existen (y son profesores)

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El tradicional aislamiento del profesor (él y su clase) se traslada a la red y la ausencia de un auténtico espíritu de colaboración, inconsciente pero real, trae como consecuencia la despreocupación por la sistematización en la creación de contenidos útiles para la comunidad educativa. Es entonces cuando se crean wikis cerrados que únicamente puede editar su autor y que provocan una excesiva multiplicidad de contenidos totalmente innecesaria, cuando se hacen blogs de contenido críptico cuya estructura y dinámica únicamente son capaces de comprender el profesor y sus alumnos o cuando la mezcla de contenidos docentes y de cualquier otro tipo hacen que la información útil quede oculta tras una gran cantidad de "ruido" que dificulta enormemente el aprovechamiento y la idoneidad del recurso por otros, como el blog del profesor donde junto a los ejercicios para los alumnos se comenta la última cena que tuvo con ellos o el viaje de fin de curso.

Recientemente he leído un blog (permitidme que no proporcione la dirección) donde su autor pedía la colaboración de otros docentes en la creación de contenidos educativos, a lo que un ingenuo espontáneo respondía que le interesaba colaborar y que le indicase cómo lo podría hacer. La respuesta no ha podido ser más esclarecedora de lo que el dueño del blog entendía por "colaborar", para ello el sufrido colaborador sólo debería escribir comentarios a lo que el autor fuese escribiendo.

Estamos trasladando la parafernalia accesoria educativa a Internet y queremos seguir siendo los dueños de nuestros recursos y nuestros métodos. Haciendo el símil con el mundo presencial, como mucho admitimos el comentario del colega en la sala de profesores o en el bar del instituto. Pero que le prestemos nuestros apuntes personales para que los corrija y amplíe o nos haga un comentario crítico a la forma en la que impartimos la clase ¡eso no! Todavía recuerdo el profesor que escondía sus apuntes (amarillentos) de las miradas de sus compañeros y que no prestaba jamás. Ahora algunos empiezan a dejar que los demás miren sus apuntes (¿no es eso la web 2.0, donde todo es público?) pero seguimos siendo los reyes de nuestros reinos particulares habitados por alumnos.

Hablamos del trabajo colaborativo de los alumnos, de enseñarles a trabajar en grupos con división de trabajos porque la tendencia de la sociedad actual es esa, la del trabajo común y en grupo. Y lo curioso es que lo decimos con auténtica convicción, como si nosotros mismos no perteneciésemos a esa sociedad y fuésemos marcianos que hemos venido a la Tierra para enseñar a los terrícolas cómo deben vivir. Al mismo tiempo cerramos nuestros wikis, donde hablamos de cómo se colabora y cuales son los métodos para la cooperación, para evitar que alguien nos toque lo que hemos escrito y todo lo que hacemos es un "intercambio de experiencias", útil y constructivo, sin duda, pero permitidme que diga que ESO NO ES. No basta con explicar en nuestro blog lo que hemos hecho y lo bien que nos ha funcionado, por si alguien más nos quiere imitar o participar en un foro relacionado con la educación para ver qué es lo que se cuece, ofrecer nuestra experiencia o aprovechar la de los demás, ni siquiera empaparse con todas las aportaciones de profesores estrella, pedagogos y expertos que transitan por la red. Mientras hablemos de una cosa y hagamos la contraria no estaremos más que cayendo en la weborrea de las que nos habla Fernando Sáez Vacas.

Pere Marquès dice, en relación a las implicaciones educativas de la web 2.0:

Constituye un espacio social horizontal y rico en fuentes de información (red social donde el conocimiento no está cerrado) que supone una alternativa a la jerarquización y unidirecionalidad tradicional de los entornos formativos. Implica nuevos roles para profesores y alumnos orientados al trabajo autónomo y colaborativo, crítico y creativo, la expresión personal, investigar y compartir recursos, crear conocimiento y aprender... Sus fuentes de información (aunque no todas fiables) y canales de comunicación facilitan un aprendizaje más autónomo y permiten una mayor participación en las actividades grupales, que suele aumentar el interés y la motivación de los estudiantes.

Aquí también debemos incluirnos nosotros, no tenemos que verlo y sentirlo sólo como aquello que hay que conseguir de nuestros alumnos, sino en primer lugar de nosotros mismos.

Se hace necesaria la colaboración real de docentes en proyectos comunes de creación conjunta de contenidos que puedan ser llevados a cabo de forma efectiva entre varios. Sin confundir la generación de contenidos con la presentación de resultados. Las ventajas de tal tipo de colaboración son innegables. Cada profesor aporta su propia experiencia y sus diferentes puntos de vista. Recursos dispares, que desconocemos totalmente, se ponen a nuestra disposición gracias al otro. Además, la elaboración de materiales es mucho más rápida por el simple hecho de intervenir varias personas por lo que con mucho menor esfuerzo se consigue mayor eficiencia en el trabajo. También podemos suplir las carencias que tenemos y desprendernos de los parásitos que hemos adquirido con el paso del tiempo a través del ejemplo de otros colegas.

La elaboración conjunta de conocimiento útil es un imperativo en la sociedad actual, no sólo para nuestros alumnos y una sociedad teórica, que parece no tener nada que ver con nosotros. Profesores de un mismo Centro deben colaborar entre sí, pero entre Centros distintos también.

Me refiero a proyectos concretos (espontáneos o no) donde preparemos nuestras clases, nuestro material didáctico o la metodología que usaremos de una forma directa. La misma que utilizaremos la semana que viene o mañana. Es decir, hablo de colaboración para el día a día por un grupo de profesores unidos por una forma de trabajo similar y unos intereses comunes. Simplemente se trata de abrir nuestros recursos a la participación de otros y empezar a construir el conocimiento, el mismo que deseamos que aprendan nuestros alumnos.

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