Terapia Gestalt: Una experiencia en Educación Infantil

    Alberto Meiler
    • Público
    Por Alberto Meiler hace 3513 días
    Estabamos a principios de junio, casi al final del curso escolar, esa mañana cuando recibí a mis alumnos y alumnas (de cuatro años de edad) noté que una de las niñas lloraba. Pensé, será que le han quitado algún juguete y como trato de que solucionen solos ciertos conflictos, no intervine en ese momento.
    Nos sentamos en la asamblea para comenzar la clase y oí el mismo llanto que en un principio, ahora la tenía enfrente, era Sheila la que lloraba sin motivo aparente. Entonces le pregunté ¿por qué lloras?, a lo que me respondió "quiero ir con mi madre".
    Lo que le ocurría a esta niña es normal a comienzos del curso escolar, pero no a estas alturas del mismo. Mi primera reacción fue detener la exitación (parar el llanto), para ello le explique que cuando finalizara la jornada vendría su madre a recogerla. Esta intervención no surtió ningún efecto en Sheila. Automáticamente se disparó mi fantasía catastrófica y empecé a fabular mentalmente acerca de lo que le ocurría a la niña; tratando de interpretar lo que le pasaba (para tranquilizarnos los dos).
    El resto de los niños y las niñas miraban atónitos la escena, por lo cual decidí explicarles lo que estaba pasando para que no se asustaran.
    Mientras todo esto ocurría, vinieron a mi mente las palabras de Violet Oaklander "no parar la exitación" y mi intución hizo que llamara a Sheila para que se acercara. Cuando la tuve a mi lado ,en lugar de decirle algo para calmar su llanto; me dirigi al grupo: "¿quieren que hagamos un juego?", ellos contestaron afirmativamente.
    El juego consistió en lo siguiente:
    1. Le di una consigna a Sheila "elige entre los niños y las niñas de la asamblea, a alguno o alguna para que sea tu mamá (en el juego)". Automáticamente cogió de la mano a Alba, no dudó ni un instante.
    2. Dispuse a las dos niñas una frente a la otra, de pie en el centro de la asamblea.
    3. Le dije a Alba "ahora eres la mamá de Sheila" y a Sheila "Alba es en este juego tu mamá, dile lo que quieras".
    4. Sheila, sollozando nuevamente, dijo: "quiero ir contigo a casa".
    5. Intervine yo diciédole a Alba lo que tenía que responderle, en su papel de madre: "Sheila ahora estoy trabajando, tu estas en cole con tus compañeros aprendiendo y jugando. Cuando termine mi trabajo iré a buscarte y vamos a ir juntas al parque." "¡Te quiero mucho!".
    6. Les invité a darse un abrazo, el grupo observaba en silencio.
    Les dí las gracias a todos, invité a las niñas a volver a su sitio y pregunté al grupo si le había gustado el juego; respondieron afirmativamente.
    A posteriori hablé con la madre de Sheila, quién me informó que la niña padecía un virus de estómago y que la había llevado al médico la tarde anterior. Esto explica, a mi entender, lo ocurrido: la niña al encontrarse enferma necesitaba afecto y protección. La madre, al tener que trabajar, no podía estar para cumplir con ese requerimiento.
    En lugar de tratar de interpretar lo que le ocurría a Sheila, realicé una intervención en el aqui y el ahora. La niña mediante el contacto con su madre, se dió cuenta de lo que le ocurría y al hacerse consciente, su conducta cambió.



    Leer más