El fracaso del exceso: hagas lo que hagas, te vas a equivocar
La hipérbole del consumo desbocado conduce necesariamente a que te equivoques con cada elección que hagas. La probabilidad de que exista una opción mejor que la que has tomada es muy, pero que muy alta. Y si en el momento en que decidiste no la había, es probable que en los días siguientes puedas encontrar una opción mejor. Así que, sí o sí, te vas a equivocar. Traspasado un punto en la cantidad de oferta, la vas a cagar. Y conste que tendrá estas consecuencias:
Pero, ¿esto es lo que hay en una economía como la actual? El síndrome del aeroplano ya explicaba esto: si quieres extraer información útil de forma rápida y lo que tienes ante ti es una amalgama enorme de diferentes datos, es muy probable que no sepas qué decidir. Y acabarás decidiendo mal (si lo haces) o no decidiendo (lo que quizá pueda ser peor). Reivindiquemos la navaja de Ockham.
Comento lo anterior porque algo parecido sucede con la oferta de software/hardware que nos inunda. Expresión plena de toda esa economía de la abundancia que tira del conocimiento humano, resulta que hay tanta oferta que conduce necesariamente al fracaso. Algo así como una libertad tan desbocada que te encierra en una cárcel de cristal donde no hay carcelero sino que somos nosotros quienes tiramos la llave al mar. Vivimos encerrados en nuestra libertad.
El conocimiento se expande. Si un grupo de personas se reúne para charlar necesitan tecnología para hacer que emerja un nuevo metaconocimiento; es la inteligencia colectiva. La suma de las partes ya no es suma, es multiplicación. No, mejor aún: es una potencia. Es un crecimiento exponencial que tiende a romper cualquier límite humano. Eso sí, nuestra capacidad de atención “no progresa adecuadamente”. Suspendida; obligada a recuperar cada septiembre porque hemos pencado el examen de junio.
La era del acceso se ha convertido en la era del exceso. No somos quienes para almacenar información. Eso se traslada a una cacharrería que incrementa progresivamente el número de metros cuadrados digitales disponibles. El mercado del alma necesita todo ese volumen para hacer minería de quiénes somos, lo que hacemos y cómo podemos ser convertidos no en sujetos de consumo sino en objetos de consumo. La individualidad se extimiza para consumo de las masas. Ya lo dijo la revista Time hace 5 años.